
No apta para cuerpos entumecidos, esta posición puede parecer incómoda, pero si la flexibilidad lo permite puede resultar excitante, muy, muy excitante.
El se acuesta relajado y erecto. Ella se coloca de espaldas a él, se hace penetrar, flexiona sus rodillas y se inclina hacia atrás, lentamente para que el pene no se salga de la vagina. Para activar el movimiento necesario para el coito, ella debe levantar su vientre y relajarlo sobre el de su compañero. El tiene fácil acceso al clítoris y los pechos de su compañera. Ella no puede estar más cargada de ocupaciones, con lo cual no tiene más que relajar el resto del cuerpo hasta acabar más cansada que nunca, lo que hace más excitante el orgasmo. Según el Kama Sutra muchas de estas posiciones están tomadas del hatha yoga, por lo cual pueden resultar difíciles para los no iniciados.
Mi estimado señor: usted deberá tumbarse cómodamente en el lecho, cara al cielo, mientras tú, querida congénere (seas elenco estable o suplente), te colocarás de espaldas a él para luego acostarte cuan larga seas, sobre su mullido cuerpo.
Les aviso que es una postura confortable, relajada y recomendada para aquellos que tienen cierta dificultad en mantener su pene dentro de la vagina elegida para la ocasión. Aprovecha la oportunidad para ejercer, productivamente, el buen poder. Ya que desde arriba, te toca a ti controlar con tus movimientos el ritmo de esta performance.
Es cierto que estando debajo de tu compañera no se te facilita el movimiento de tu pelvis; pero, mi querido, tendrás a cambio las manos libres –como dicen las publicidades de los teléfonos celulares–, así que allí están sus pechos, a disposición de tus sabias manos, el resto del cuerpo todo, también. El botoncito milagroso está al alcance de ambos, de tal modo que no hay excusa, no esperes que él lo haga todo (hazte cargo de tu propio placer).
Esta posición favorece el orgasmo (recuerda querida: no somos licuadoras de una sola velocidad). ¡Hay tantos matices! Después de todo, trabajar por una buena corrida es un placer.
Así que es aconsejable que esas suaves manitos –que para algo nos las ha dado Dios–, viajen de aquí para allá, desde nuestro clítoris hasta su entrepierna, ahí, justo hacia abajo, mientras él se pasea con las suyas a lo largo y ancho de todo tu territorio.
El punto G para el cierre de la corrida esta ahí nomás ¿eh? Pueden encontrarlo y mimarlo tanto tiempo como gusten, es querendón y muy acogedor.
Luego, y para retomar desde el punto G, debo decir que suele ser seguido por el punto H.
Y es que el buen sexo da hambre.
Cualquiera de los dos (recordadlo: ahora sí, igualdad entre los sexos) puede dirigirse a la cocina (si es que no fue previsor) y volver con una bandejita con dos copas de vino (el placer de otra trasgresión, la de descorchar la botella que estaba destinada para el día siguiente), y si de hedonismo hablamos, un pequeño plato con unos –digamos… ¿diez?–, langostinos de ésos bien grandes, rosaditos y empapados con un chorro de limón por único condimento. Después ¡Chin, Chin!
Si todo fue bien, ¡bien!. Si quedó algo en el camino, volveremos aunque más no sea por esos langostinos.
Se mezcla poco el sexo y la comida, debería hacerse más es muy placentero.